Será aquí mi humedad, mi idiolecto, mi lengua húmeda. Nuestra humedad, el español, la lengua nuestra.
La Humedad, la lengua toda, el músculo de lo humano, peregrinaje de babas:

toda ella, la lengua, soporte de nuestra humanidad, húmeda mortandad, toda ella, imperecedera: la Lengua Húmeda.

Colmada

Colmé los instintos sublimes
mucho antes de habitar la desgracia,
sin poder palpar, imaginar, oler siquiera
que la ruina deviene cuando enfría la carne
y las pasiones son aroma, estela añeja
que se pudre en la memoria lentamente,
agonizando.

Entonces no había muerte en mis manos,
allá cuando el cuerpo era el oficio y yo instruida,
en los encantos de las sales y besos,
exploraba la noche con mirada felina,
allá cuando un labio era destino, trecho de vida
y mi piedad se inclinaba ante los ojos de un mancebo
orando plegarias que incendiaran mis muslos;
allá cuando una caricia era en sí la conquista del mundo,
no había muerte en la sed de mis pechos
era sólo el devenir del deseo más profundo.

Esta estela de cadáveres majados de placer,
cuando era niña y un canto de sirenas tentadoras
conducían mi alma pía por el mar de mil destinos,
y era tacto, y era yo albedrío
y volaba por las nubes con sincero regocijo,
vellos suaves, vellos rudos
cuando el canto humedecía mis suspiros
no había más cierto dolor en mis entrañas
que dormir sin haber gemido muerte
sin haber enfrentado el delirio.

Y ahora que soy bestia sorda, fiera calma en el estío,
vientre lleno que ha surcado los palacios y los ríos,
el terreno del hombre sin hado,
el sendero del goce y la locura, oh dulce brío,
son mis noches detención de un alma joven,
son mis pasos los rodeos del hastío,
una vez que la desgracia de la mente
ha poblado de cordura mis sentidos,
soy acero que arde sólo en el incendio
y rasga el viento, inventa el frío,
motivando de mis sueños el olvido
para ser de nuevo lumbre sin decoro
y habitar el hambre de la carne de un mendigo.

Me embriagado del licor del desenfreno
y hoy soy purga de las copas que he ingerido
sin moral ni compasión me he pervertido
y encontrado en la locura un compañero, un enemigo
!Desmesura se llamó mi signo!
Allende, hace dos noches, cuando el ánimo henchido
de placer me perdía que vertiera
otro beso en mi sangre, otro aullido en mi trino.

Ay pasado que colmé sin advertirlo,
ay las horas que clamé por el ruido
y hoy que el cuerpo ha decaído
que el deseo es otro y el futuro un hilo
reina imberbe en mis caderas el ético freno
de un adulto que ha crecido,
y se pintan los días con astros y soles repetidos
brilla el deber iluminado de alegría
que mi cuerpo rechaza, que rechaza mi hígado
orando por pieles con plegarias y ritos,
rezando por lunas que enverdezcan mis gritos
de mi añeja furia, mi ciego destino
cuando no había soles y el mundo era el ritmo
de una joven ansiosa por tragar un bocado
lo que ahora he comido,
y sin hambre me arroja a los años del hastío.

Ay dolor, ay suplicio, si tan sólo mi cintura
hubiera sabido
que colmar el hambre a corta edad en mi ser sería tragedia
que los cuerpos nunca cesan y la sed se aleja
como una bestia ahuyentada en la selva,
que mi ser sería desierto de anhelos de grandeza
y el amor sería sereno, soliloquios de destreza
ay edad que caes profunda en la mirada inquieta,
y atas con lianas de cordura y de tristeza
la llama viva de una joven sin promesas
la sed el hambre de la carne, su viveza.