He guardado para tí un catalejo
similar a un caleidoscopio
–recuerda muy bien esto–
de modo que antes de verte a tí
crudo y presente
como a las flores se les admira en invierno
te veo cercano desde una distancia
parecida a un jardín
donde añejo los frutos del pasado
cosecho y prosigo
cultivando prismas
surcos, sombras y soles.
Te veo a través
de la selva de mi nombre
–recuerda muy bien esto–
cual difracción florida,
flores de tu carne que en mis ojos,
son flores de mi tierra
que en los tuyos
son pétalos de rosas
bajo el florero del pasado.
Y aquí me viene la mansa duda
–pregúntate bien esto–
¿qué diremos cuando en el camino
la fragancia de un nuevo retoño
frente a frente nos convoque
sin cristal a la vendimia?
–no me respondas ahora.
Será aquí mi humedad, mi idiolecto, mi lengua húmeda. Nuestra humedad, el español, la lengua nuestra.
La Humedad, la lengua toda, el músculo de lo humano, peregrinaje de babas:
toda ella, la lengua, soporte de nuestra humanidad, húmeda mortandad, toda ella, imperecedera: la Lengua Húmeda.
A. V
Poemario
Patologuismos